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¿PUEDE MÉXICO LLEGAR A OCTAVOS?

Exploramos si México tiene opciones reales de alcanzar los octavos de final en el próximo Mundial con base en datos, historia y actualidad.

México tiene una larga historia en la Copa del Mundo de la FIFA, siendo un participante recurrente desde su debut en 1930. A lo largo de las ediciones, ha logrado establecerse como un país con presencia constante, tanto en la fase de grupos como en enfrentamientos de vida o muerte en las rondas eliminatorias. Su desempeño ha sido objeto de análisis dada su capacidad para superar la fase inicial sin llegar más allá de los octavos de final en muchas ocasiones.

Desde 1994 hasta 2018, México ha tenido una consistencia admirable al alcanzar los octavos de final en siete torneos consecutivos. Sin embargo, en cada una de esas ocasiones, el Tri fue eliminado en esa misma fase. Este fenómeno ha sido llamado la "maldición del quinto partido", una referencia popular a la incapacidad del equipo para llegar a los cuartos de final.

El Mundial de 2022 celebrado en Catar marcó un punto de ruptura, ya que México no logró superar la fase de grupos. Fue la primera vez en 44 años (desde 1978) que el equipo no clasificaba a octavos, lo que generó un periodo de introspección en el fútbol mexicano. El análisis posterior apuntó a problemas estructurales en el nivel de competencia local, desarrollo juvenil y preparación táctica en torneos internacionales.

Además de la historia reciente, es importante señalar los dos momentos destacados en que México sí alcanzó los cuartos de final: en las ediciones de 1970 y 1986, ambas celebradas en México. Esos antecedentes generan esperanza sobre lo que podría suceder en 2026, un torneo que México compartirá como sede junto con Estados Unidos y Canadá.

En resumen, el historial histórico sugiere que México tiene la capacidad de llegar a octavos, basándose en experiencias pasadas y una identidad futbolística competitiva. El reto principal sigue siendo cómo ajustar su enfoque táctico y desarrollo interno para superar ese umbral y avanzar más allá de esa etapa crítica.

De cara a la Copa Mundial de la FIFA 2026, la Selección Mexicana se encuentra en un proceso de reestructuración con el objetivo de ser competitiva en casa. Como anfitrión del torneo —junto a Estados Unidos y Canadá—, México tiene garantizado su lugar en la competencia, lo que le permite planificar a largo plazo sin la presión de la fase clasificatoria.

En términos de dirección técnica, la Federación Mexicana de Fútbol ha optado por renovar su enfoque tras la eliminación en fase de grupos en 2022. La gestión de Diego Cocca fue breve y fue sustituido por Jaime Lozano, técnico que lideró al equipo Sub-23 a una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio. Lozano ha contado con respaldo por parte del plantel y buscará consolidar un estilo de juego equilibrado y proactivo.

Actualmente, México cuenta con una mezcla de jugadores veteranos y jóvenes promesas. Futbolistas como Hirving Lozano, Edson Álvarez y Santiago Giménez se perfilan como piezas clave para liderar al equipo. Además, existe una nueva generación de talento proveniente de clubes europeos y academias locales, lo que sugiere una base sólida para construir un equipo competitivo.

Otro factor relevante es el nivel de la Liga MX. Aunque criticada por su sistema de repechaje y falta de exportación de talento joven al extranjero, la liga sigue siendo una fuente principal de jugadores para la selección. Existe un debate actual sobre la necesidad de reformar la estructura local para fomentar una competencia más sostenible a nivel internacional.

Los partidos amistosos y competencias regionales como la Copa Oro y la Liga de Naciones de la CONCACAF permiten probar alineaciones y tácticas en situaciones de presión. La actuación de México en estas competiciones ha sido mixta, pero han servido como plataforma para experimentar y corregir errores.

En cuanto a su grupo en la primera fase —que será conocido más adelante mediante sorteo—, México tendrá la ventaja de jugar parte de sus partidos como local, lo que tradicionalmente mejora el rendimiento debido al apoyo del público y la familiaridad con el entorno. El factor sede no garantiza resultados, pero puede ser un diferencial psicológico clave.

En conclusión, las condiciones actuales del equipo mexicano apuntan hacia una recuperación gradual y estructural. Si bien persisten desafíos en términos de desarrollo y consistencia táctica, el equipo tiene el potencial suficiente para llegar a octavos, especialmente si aprovecha bien su condición de anfitrión.

La pasión por el fútbol va más allá de los 90 minutos. Es emoción, identidad y sentimiento. Une generaciones, traspasa fronteras y convierte cada gol en una celebración colectiva. En cada cancha, desde los grandes estadios hasta los potreros, late el mismo corazón: el del amor por la pelota.El fútbol no solo se juega, se vive, se siente y se comparte. Porque detrás de cada camiseta, de cada cántico y de cada mirada al cielo, hay una historia, un sueño y una pasión que nunca muere.

La pasión por el fútbol va más allá de los 90 minutos. Es emoción, identidad y sentimiento. Une generaciones, traspasa fronteras y convierte cada gol en una celebración colectiva. En cada cancha, desde los grandes estadios hasta los potreros, late el mismo corazón: el del amor por la pelota.El fútbol no solo se juega, se vive, se siente y se comparte. Porque detrás de cada camiseta, de cada cántico y de cada mirada al cielo, hay una historia, un sueño y una pasión que nunca muere.

El camino de la Selección Mexicana hacia los octavos de final de la Copa Mundial 2026 dependerá de una serie de factores tanto internos como externos que influirán en su desempeño. Analizar estos elementos permite proyectar con mayor claridad las probabilidades del Tri de avanzar en el torneo.

1. Grupo y rivales

El sorteo de grupos definirá gran parte de las posibilidades de México. En ediciones anteriores, el equipo ha debido enfrentarse a potencias como Alemania, Argentina y Brasil en fases tempranas, lo que ha complicado su avance. Un grupo accesible podría mejorar significativamente sus chances. Si el Tri evita a campeones mundiales o selecciones europeas de alto rango, las posibilidades estadísticas de clasificación aumentan.

2. Localía y logística

El Mundial de 2026 será el primero con tres países anfitriones. México jugará sus partidos de grupo en casa, probablemente en sedes como el Estadio Azteca, el BBVA en Monterrey y el Akron en Guadalajara. La familiaridad con el clima, altitud y apoyo del público representará una ventaja destacada. La logística también será más manejable para el equipo nacional, en comparación con selecciones que deben adaptarse a traslados y zonas horarias distintas.

3. Experiencia y liderazgo

Contar con jugadores que hayan experimentado mundiales previos y competiciones internacionales será vital. Elementos como Guillermo Ochoa o Andrés Guardado han representado estabilidad en el pasado. Aunque algunos de ellos estarán ya retirados en 2026, el rol del liderazgo deberá recaer en una nueva camada preparada para asumir mayores responsabilidades.

4. Preparación y partidos previos

Disponer de un calendario de amistosos exigente y enfocado en rivales de alta jerarquía contribuirá al ritmo competitivo del equipo. Además, es importante planear concentraciones largas y optimizar la sinergia entre líneas ofensivas y defensivas, buscando cohesión táctica antes del inicio de la competición.

5. Alineación y sistema táctico

Lozano ha mostrado preferencia por formaciones flexibles como el 4-3-3 o el 4-2-3-1, donde laterales ofensivos y mediocampistas móviles permiten mayor dinamismo. La adaptación del esquema al rival, así como la lectura del jugador en situaciones críticas, serán claves para asegurar puntos en partidos definitorios.

6. Factores externos

Lesiones, decisiones arbitrales controvertidas y clima emocional del vestuario son elementos impredecibles pero determinantes. Un ambiente interno armónico, con roles bien definidos y una gestión psicológica adecuada, aumenta significativamente las probabilidades de éxito.

En suma, la posibilidad de que México llegue a octavos en 2026 no solo se basa en tradición y talento, sino en una planificación meticulosa y efectiva integrada por múltiples variables. Aprovechar la localía, cohesionar un proyecto deportivo duradero y mantener una preparación estratégica podrían posicionar al Tri entre los 16 mejores del mundo una vez más.

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