El Mundial 2026 marcará a toda una nueva generación de hinchas, jugadores y creadores. Será más que fútbol: será un fenómeno cultural global.
CLAVES DE CÓMO SE FINANCIARON LOS ESTADIOS DEL MUNDIAL 2026
Alguna vez te has preguntado quién pone la plata para que el Mundial tenga estadios de primer nivel? En el caso del Mundial 2026, organizado por Estados Unidos, Canadá y México, el financiamiento fue un verdadero partido entre lo público y lo privado, con cifras millonarias, negociaciones intensas y acuerdos que van desde fondos estatales hasta patrocinios. En este artículo te contamos cómo se repartió la pelota del dinero, qué ciudades invirtieron más, y algunos datos curiosos que te van a dejar con la boca abierta. Porque sí, el fútbol se juega en la cancha… pero también en los números.
El modelo financiero trinacional
El Mundial 2026 será el primero en la historia con tres países anfitriones: Estados Unidos, Canadá y México. Cada nación aplicó estrategias distintas para financiar los estadios, adaptadas a sus modelos económicos, estructuras fiscales y políticas locales. Aunque FIFA exige ciertas condiciones mínimas, no hay un único modelo de financiamiento oficial, lo que dejó mucho espacio para la creatividad (y la polémica).
Estados Unidos: inversión privada con respaldo público
En Estados Unidos, los 11 estadios seleccionados son en su mayoría de la NFL, remodelados para cumplir con las exigencias de FIFA. La financiación fue principalmente privada, con dueños de franquicias como Jerry Jones (Dallas Cowboys) y Arthur Blank (Atlanta Falcons) poniendo sobre la mesa cientos de millones para modernizar sus templos deportivos.
Sin embargo, también hubo apoyo público en forma de incentivos fiscales, mejoras de infraestructura urbana y exenciones impositivas. Por ejemplo, en Miami, el Hard Rock Stadium recibió respaldo estatal para modernizar accesos viales y reforzar el transporte público.
Dallas destinó más de USD 295 millones para mejoras del AT&T Stadium.
Atlanta invirtió unos USD 350 millones en upgrades del Mercedes-Benz Stadium.
Los Ángeles renovó el SoFi Stadium con apoyo de fondos municipales.
Canadá: asociaciones público-privadas bien medidas
En Canadá, donde solo tres ciudades fueron elegidas (Toronto, Vancouver y Edmonton —esta última fue descartada), la fórmula fue más modesta pero efectiva. El gobierno federal participó activamente, aportando hasta el 35% del costo de adecuación de los estadios, mientras que los gobiernos locales y la iniciativa privada cubrieron el resto.
Toronto, por ejemplo, recibió aproximadamente CAD 120 millones para expandir y adaptar el BMO Field. En Vancouver, se usaron fondos públicos para actualizar el BC Place, con mejoras en asientos, accesibilidad y tecnología.
México: estadios históricos, inversión privada
México, con tres sedes (CDMX, Guadalajara y Monterrey), optó por utilizar estadios ya existentes, como el Estadio Azteca. Las mejoras fueron financiadas mayormente por el sector privado, en especial Grupo Televisa, FEMSA y Grupo Salinas. El gobierno federal evitó comprometer recursos directos, aunque algunas obras de infraestructura sí recibieron apoyo estatal.
El Estadio Azteca recibió una inversión privada superior a los MXN 1,200 millones.
El Estadio BBVA de Monterrey fue remodelado por Grupo FEMSA.
El Estadio Akron en Guadalajara se actualizó con fondos del Grupo Omnilife.
Costos, cifras y datos curiosos
El Mundial 2026 no solo será el más largo y con más equipos (48 en total), sino también el más costoso en términos de infraestructura. Se estima que el total invertido en estadios supera los USD 5,800 millones entre los tres países anfitriones. Pero ojo, no todo salió de los impuestos: gran parte vino de patrocinios, naming rights, y rentabilidad a futuro.
Sabías qué...? ¡Algunos datos que te van a volar la peluca!
El SoFi Stadium en Los Ángeles costó USD 5,500 millones, aunque fue construido antes del Mundial, será la sede más cara en la historia de la FIFA.
El Estadio Azteca será el único en el mundo que ha albergado tres Copas del Mundo (1970, 1986 y 2026).
Más de 60% de los estadios tendrán techos retráctiles y césped híbrido, una tendencia mundial para preservar el terreno de juego.
Toronto será la sede más costosa de Canadá con más de CAD 300 millones en adecuaciones.
Se espera que el Mundial genere USD 11,000 millones en ingresos totales para la región.
Comparativa con mundiales anteriores
Para ponerlo en perspectiva: el Mundial de Brasil 2014 costó alrededor de USD 15 mil millones, gran parte en estadios nuevos. Rusia 2018 gastó unos USD 11.6 mil millones. El Mundial 2026, aunque usa estadios existentes, está en camino de igualar o superar esas cifras si se suma logística, seguridad y tecnología.
La diferencia clave está en la sostenibilidad. Mientras Brasil tiene estadios semiabandonados, en Norteamérica se apuesta por recintos con uso comercial garantizado post-Mundial: NFL, conciertos, MLS, etc.
El fútbol como negocio de estado
El Mundial es mucho más que 90 minutos. Es una oportunidad de oro para atraer turismo, inversiones y proyección global. Por eso, los gobiernos y empresas se pelean por formar parte del espectáculo. En el caso del Mundial 2026, las sedes no solo pusieron dinero para los estadios, sino que también apostaron a mejoras en aeropuertos, hoteles, trenes y hasta zonas verdes.
ROI: vale la pena el gasto?
Según estimaciones de la FIFA, el retorno sobre la inversión (ROI) podría ser de hasta 6 veces el gasto inicial. Se calcula que solo en turismo, el Mundial atraerá a más de 3 millones de visitantes extranjeros, que gastarán un promedio de USD 2,000 por cabeza. Eso sin contar ingresos por derechos televisivos, marketing y consumo local.
Dallas estima ingresos por USD 400 millones durante el torneo.
Toronto proyecta un incremento del 25% en turismo en 2026.
CDMX espera recibir más de 800 mil visitantes solo por los partidos del Azteca.
El legado post-Mundial
Un Mundial bien planeado deja más que buenos recuerdos. Las ciudades sedes buscan usar la exposición global para posicionarse como destinos turísticos, centros deportivos y motores económicos. Muchas ya tienen planes de reconversión de los estadios para eventos de esports, ferias tecnológicas o shows internacionales. Porque si algo dejaron claro, es que cuando se apagan las luces del estadio… el juego económico apenas empieza.
En conclusión, el Mundial 2026 es un ejemplo de cómo el fútbol puede unir naciones, pero también billeteras. Con inversiones coordinadas, enfoque en sostenibilidad y visión de largo plazo, los estadios serán más que estructuras de concreto: serán símbolos de una nueva era futbolera.
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