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ITALIA EN LA EUROCOPA 2024: ¿PUEDE LLEGAR A CUARTOS?
Analizamos si la selección italiana tiene lo necesario para alcanzar los cuartos de final de la Eurocopa 2024. Evaluamos su defensa, medio campo, y cómo influirá su grupo.
Italia, históricamente una potencia del fútbol europeo, llega a la Eurocopa 2024 con una mezcla de juventud y experiencia que despierta tanto expectativas como incertidumbre. Tras alzar el trofeo en la edición 2020, la Azzurra ha atravesado una fase de transición, buscando consolidar un nuevo proyecto bajo la dirección técnica que prioriza solidez defensiva, control del medio campo y ataques estructurados.
Entre los principales puntos fuertes de esta selección destaca su sistema defensivo, históricamente uno de los más seguros del continente. Aunque la generación de leyendas como Bonucci y Chiellini ya ha dado paso a nuevos líderes, nombres como Alessandro Bastoni, Giovanni Di Lorenzo y Gianluigi Donnarumma garantizan jerarquía. Donnarumma, de hecho, continúa siendo uno de los mejores porteros del torneo, decisivo en los penaltis y sólido bajo los tres palos.
El medio campo italiano combina técnica, agresividad táctica y versatilidad. Jorginho mantiene el rol de organizador desde la base, mientras que Nicolò Barella y Sandro Tonali aportan dinamismo ofensivo e interpretación táctica del juego. Lo interesante es que el cuerpo técnico ha trabajado en esquemas flexibles que permiten mutar de un 4-3-3 a un 3-5-2 en función del rival, generando así superioridades en la medular.
En el ataque, Italia cuenta con opciones como Federico Chiesa, Mateo Retegui, Domenico Berardi y Gianluca Scamacca, lo que da profundidad a la línea ofensiva. Aunque no poseen una figura absolutamente dominante como Mbappé o Haaland, presentan variantes clave en la zona de definiciones, algo que compensa con juego colectivo y presión alta.
Además, el estilo de juego que ha desarrollado Italia desde 2021 ha evolucionado para adaptarse a rivales de perfil bajo y alto. La movilidad y cambios de ritmo han sido enfocados a romper líneas defensivas, elemento esencial para medirse ante selecciones de bloque bajo o medios como podría ser Suiza, Austria o Polonia.
Por último, el factor experiencia también juega a favor. Muchos de los jugadores actuales ya han levantado una Eurocopa y saben manejar partidos de alta tensión, como cuartos de final. La cultura competitiva italiana, forjada en torneos donde lo mental influye tanto como lo táctico, representa una ventaja a la hora de disputar partidos confusos o equilibrados.
En resumen, la combinación de solidez, experiencia y talento joven posiciona a Italia como un firme candidato a llegar, al menos, a cuartos de final. No obstante, serán necesarios ajustes y un alto grado de concentración para no repetir errores del pasado reciente, como su ausencia del Mundial 2022.
Si bien Italia llega con argumentos válidos para competir al más alto nivel, determinadas circunstancias podrían obstaculizar su camino hacia los cuartos de final en esta Eurocopa. Entre ellas, destacan principalmente las dificultades ofensivas, la posible falta de profundidad de banquillo, y la rigidez táctica frente a determinados rivales.
En primer lugar, una de las críticas reiteradas que ha recibido esta generación es su irregularidad al momento de convertir ocasiones de gol. Aunque la Azzurra puede generar jugadas elaboradas desde el fondo o mediante circulación en el centro del campo, la falta de un delantero centro categórico podría pasar factura en partidos cerrados. Scamacca y Retegui han mostrado destellos, pero ninguno ha alcanzado todavía el estatus de goleador confiable en instancias clave.
Asimismo, frente a selecciones físicas y bien organizadas, como algunas del norte y este europeo, el estilo italiano puede verse limitado. Los ataques pausados y la tenencia prolongada del balón pueden volverse predecibles si no se acompaña de efectividad ofensiva. En torneos cortos como la Euro, los partidos tienden a resolverse en jugadas aisladas o errores mínimos, donde la intensidad y pegada pueden pesar más que la elaboración.
Otro factor preocupante es la profundidad del banquillo. Si bien hay nombres prometedores entre los suplentes, la diferencia entre titulares y rotación aún es amplia. La falta de rotaciones efectivas podría condicionar el rendimiento durante encuentros consecutivos o ante la presencia de lesiones. Equipos como Francia o Inglaterra cuentan con plantillas más amplias y con cambios más determinantes desde el banquillo, lo cual puede marcar la diferencia en partidos disputados.
No menos importante es el aspecto mental. La presión mediática en Italia es considerable y no rara vez eso afecta al rendimiento de jugadores jóvenes. El historial reciente, con la clasificación fallida al Mundial anterior y ciertos altibajos en la Liga de Naciones, ha dejado cicatrices aún no del todo sanadas. En este contexto, un inicio titubeante en fase de grupos podría minar la confianza colectiva, dificultando alcanzar ritmo competitivo antes de entrar a la fase de octavos.
En términos tácticos, si el cuerpo técnico no logra adaptar el esquema a los distintos desafíos, la predictibilidad del 4-3-3 podría ser contraproducente. Equipos como España o Croacia, acostumbrados a presionar alto y dominar la posesión, podrían incomodar el juego posicional italiano, limitando el impacto de jugadores clave como Barella o Chiesa.
Pese a todo, estas limitaciones no sentencian el fracaso. Más bien, destacan áreas en las que la selección necesita mejorar si desea competir con solvencia en cada ronda. Los detalles, como la eficacia desde el punto penal o la respuesta ante marcadores adversos, también jugarán un rol importante si Italia desea estar entre los últimos ocho.
El sorteo de grupos ha colocado a Italia en un grupo complejo, pero manejable, lo que influye directamente en sus posibilidades de alcanzar los cuartos de final de la Eurocopa 2024. Compartirá grupo con selecciones como España, Croacia y Albania, lo que supone desafíos considerables desde el primer partido.
El partido inicial será contra Albania, un rival que no debe subestimarse. Si bien en el papel aparece como el oponente más débil, estos encuentros suelen ser traicioneros. Albania ha mostrado evolución táctica, planteos agresivos y busca aprovechar cualquier error rival. Una victoria convincente en ese debut sería fundamental para Italia, tanto en lo anímico como en las aspiraciones de clasificación.
Luego llegará el duelo contra España, probablemente el rival más exigente del grupo. Con un estilo de posesión dominante, pressing alto y transiciones rápidas, la Roja pone a prueba a cualquier bloque defensivo. Este partido servirá como prueba de fuego para evaluar el verdadero nivel competitivo de la Azzurra, especialmente en el aspecto colectivo y físico.
El tercer encuentro será frente a Croacia, otra selección con gran experiencia y una medular de calidad excepcional. En función de los resultados previos, ese partido podría convertirse en una final anticipada por el pase a octavos. Luka Modrić, Mateo Kovačić y Marcelo Brozović lideran un medio campo con rodaje y técnica, lo que obligará a Italia a reforzar su disciplina táctica y eficacia ofensiva.
En cuanto a logística y planificación, Italia llega con ventajas. Su base de entrenamiento estará ubicada estratégicamente cerca de las sedes, permitiendo una mejor recuperación física y evitando desplazamientos prolongados que puedan afectar la preparación.
En caso de avanzar como segundo del grupo, Italia enfrentaría probablemente a un líder de otro grupo fuerte, lo que podría poner a prueba su verdadera capacidad defensiva. En cambio, si logra clasificar como primera, posiblemente tenga un cruce más accesible en octavos, aumentando sus probabilidades de alcanzar los cuartos.
Desde el punto de vista táctico, el cuerpo técnico ya ha probado rotaciones entre esquemas y distintas alineaciones durante la clasificación y amistosos. El uso de un sistema mixto que permite variar de un 4-3-3 a un 3-4-2-1 podría ser clave para adaptarse a rivales con estilos diferentes. Esta flexibilidad es esencial en torneos donde cada partido presenta variables únicas.
En definitiva, si Italia gana al menos dos de sus partidos de grupo y muestra solidez táctica, tendría altas probabilidades de alcanzar cuartos de final. No obstante, el camino será exigente desde el inicio y los márgenes de error, mínimos. La clave estará en encontrar regularidad, aprovechar las debilidades rivales y mantener la identidad táctica que le llevó al título en 2021.
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