El Mundial 2026 marcará a toda una nueva generación de hinchas, jugadores y creadores. Será más que fútbol: será un fenómeno cultural global.
¿PUEDE MARRUECOS GANAR EL MUNDIAL?
Exploramos el potencial de Marruecos, su evolución reciente, fortalezas futbolísticas actuales y desafíos para conquistar el título mundial.
El fútbol marroquí ha experimentado un notable crecimiento en los últimos años, posicionándose como una fuerza emergente dentro del escenario internacional. El momento cumbre fue la histórica actuación en la Copa Mundial de la FIFA 2022 en Catar, donde Marruecos alcanzó las semifinales, convirtiéndose en el primer país africano en lograr tal hazaña. Este supuesto ‘milagro marroquí’ no fue casualidad, sino el resultado de una planificación sostenida, mejoras estructurales y una nueva generación de talentos formados tanto en academias locales como en el extranjero.
La Real Federación Marroquí de Fútbol (FRMF) ha invertido considerablemente en infraestructuras, como el Centro Técnico Nacional de Maamoura, inaugurado en 2019, que ha servido como base de formación para las selecciones nacionales. Estos centros permiten una planificación técnica moderna, preparación física especializada y entrenamiento táctico de alto nivel.
Además, Marruecos ha fomentado la inclusión de futbolistas con doble nacionalidad, atrayendo talentos marroquíes nacidos o criados en Europa. Figuras como Achraf Hakimi, Hakim Ziyech y Noussair Mazraoui son productos de esta estrategia híbrida, que combina la formación europea con el sentimiento nacional.
También ha influido una mayor planificación táctica. Bajo el liderazgo de Walid Regragui, Marruecos presentó una defensa sólida, transiciones veloces y gran solidaridad grupal, lo que permitió sorprender a grandes potencias como España y Portugal. La consistencia defensiva fue una de las claves del sorprendente avance en 2022.
En competiciones continentales como la Copa Africana de Naciones (CAN), Marruecos también ha mostrado progreso, llegando regularmente a fases finales y manteniéndose entre los favoritos. Igualmente, en las categorías juveniles y en el fútbol femenino, se ha observado una tendencia positiva.
A este crecimiento futbolístico se suman mejores acuerdos con clubes europeos, que facilitan la liberación de jugadores y crean sinergias para la formación técnica, además de ofrecer rodaje competitivo a los futbolistas que representan a Marruecos a nivel internacional.
El futuro parece prometedor, con talentos emergentes en ligas europeas y una estructura cada vez más profesionalizada. Así, Marruecos ha dejado de ser un actor secundario y se ha consolidado como una selección competitiva, capaz de disputar partidos con cualquier potencia futbolística.
La selección nacional de Marruecos cuenta con varios factores que incrementan sus posibilidades de competir por una Copa del Mundo. Estos elementos no sólo se limitan al talento individual, sino a una sólida estructura táctica, cohesión de grupo y experiencia internacional.
Una de las principales fortalezas de Marruecos es su defensa. En el Mundial de 2022, los Leones del Atlas mostraron una sorprendente solidez, encajando apenas un gol en juego abierto hasta las semifinales. Jugadores como Romain Saïss, Nayef Aguerd y Achraf Hakimi formaron una línea férrea, respaldada por el portero Yassine Bounou (Bono), figura indiscutible del torneo.
Además, Marruecos ha demostrado disciplina táctica. El esquema implementado por Regragui permitía agruparse en defensa y salir con velocidad por bandas, aprovechando la capacidad ofensiva de Ziyech y Boufal. Esta táctica de bloque medio-bajo, seguida de contraataques rápidos, resultó letal contra equipos de mayor posesión como España o Bélgica.
Otro aspecto clave es la profundidad de plantilla. Marruecos cuenta con suplentes capaces de mantener el nivel competitivo, algo esencial en torneos largos. La diversidad de orígenes de los jugadores, muchos formados en academias europeas, aporta un nivel técnico y físico comparable al de las principales selecciones del mundo.
Asimismo, la cohesión del grupo ha sido destacada por entrenadores y analistas. La identidad nacional, reforzada por un fuerte sentimiento patriótico, ha creado una unidad dentro del vestuario, donde el compromiso colectivo supera las individualidades.
También destaca la madurez de sus jugadores clave en contextos de alta presión. Muchos compiten en las principales ligas europeas, como la Premier League, Serie A, LaLiga o Bundesliga, lo que les permite enfrentarse semanalmente a niveles de exigencia similares a los de un Mundial.
Finalmente, Marruecos se beneficia de una creciente red de apoyo tanto nacional como en la diáspora. La afición marroquí ha sido un elemento motivador, mostrando una presencia masiva en Catar 2022 y proporcionando un ambiente casi local durante cada partido. Esta conexión emocional ha fortalecido el rendimiento del equipo en momentos decisivos.
Juntas, todas estas fortalezas sitúan a Marruecos como una candidata legítima a protagonizar futuras ediciones de la Copa Mundial, aunque aún deberá seguir puliendo ciertos aspectos ofensivos y de control de partido para dar el salto definitivo hacia el título.
Si bien Marruecos ha demostrado su capacidad para competir al más alto nivel, aún enfrenta diversos desafíos estructurales, técnicos y estratégicos que deben ser superados para aumentar efectivamente sus probabilidades de ganar una Copa del Mundo.
Uno de los principales retos es la limitada experiencia colectiva en contextos definitivos. Si bien alcanzó las semifinales en 2022, enfrentarse a equipos con amplios historiales en finales —como Francia, Alemania o Brasil— exige un manejo emocional y una resistencia psicológica aún por desarrollar, especialmente al enfrentar la presión de ganar un título.
Igualmente, Marruecos presenta limitaciones en su capacidad ofensiva sostenida. Aunque el equipo ha mostrado eficacia al contragolpear, aún carece de un ‘nueve’ de clase mundial con regularidad goleadora. La generación actual comparte el esfuerzo ofensivo entre extremos y volantes, pero falta un eje central que asegure goles en instancias críticas.
Otro desafío lo representa la gestión de la continuidad técnica. En el pasado, Marruecos ha cambiado frecuentemente de seleccionadores, lo cual limita la consolidación de un estilo de juego definido a largo plazo. El mantenimiento de Walid Regragui o de un perfil técnico similar será clave para construir un proyecto duradero.
También se debe trabajar en el desarrollo de talento interno. Aunque muchos jugadores provienen de academias europeas, la liga nacional aún no alcanza un nivel formativo competitivo a escala global. Mejorar el Botola Pro y los programas juveniles permitiría reducir la dependencia de talentos formados en el extranjero.
La gestión federativa es otro factor crítico. Si bien ha mejorado, aún existen áreas donde la transparencia, la planificación estratégica y la gestión financiera pueden optimizarse. Una estructura federativa ágil y moderna es clave para alcanzar ambiciones mundialistas.
Finalmente, la competencia internacional es extremadamente alta. Equipos como Francia, Argentina, Brasil, Inglaterra y Alemania siguen contando con mayor profundidad, infraestructura y experiencia colectiva. Marruecos deberá mantener una evolución constante para acortar esa distancia.
En resumen, Marruecos se encuentra en una trayectoria positiva y ha demostrado que es capaz de competir con los mejores. No obstante, la conquista definitiva del Mundial requerirá consolidar un modelo sostenible, cubrir carencias ofensivas, retener talentos y mantener una estructura táctica constante. El título no será fácil, pero no es imposible si el progreso continúa.
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