El Mundial 2026 marcará a toda una nueva generación de hinchas, jugadores y creadores. Será más que fútbol: será un fenómeno cultural global.
¿PUEDE MÉXICO LLEGAR A SEMIFINALES?
Exploramos si México tiene el potencial táctico, técnico y organizativo para llegar a semifinales de torneos mayores
La selección mexicana de fútbol ha sido una presencia constante en torneos internacionales durante décadas. Sin embargo, alcanzar las semifinales, especialmente en la Copa del Mundo o torneos de alto calibre como la Copa América y la Liga de Naciones de la Concacaf, ha demostrado ser un desafío considerable. Hasta la fecha, México ha llegado a los cuartos de final del Mundial solamente en dos ocasiones —en 1970 y 1986, ambas como país anfitrión. Desde entonces, la barrera de los octavos de final se ha convertido en una constante.
En torneos de la Concacaf, México ha tenido un dominio más evidente. La selección ha ganado múltiples títulos de la Copa Oro y ha llegado con frecuencia a las etapas finales. Sin embargo, en competencias donde participan selecciones de élite mundial, el equipo tricolor ha tenido resultados mixtos. Por ejemplo, en la Copa América, donde ha participado como invitado, México logró llegar a la final en 1993 y a semifinales en 1997, pero a partir de entonces su impacto ha sido más limitado.
Este patrón recurrente ha generado preguntas sobre las capacidades estructurales del fútbol mexicano para dar el siguiente paso. Aunque el nivel técnico de los jugadores es superior al promedio regional, México carece hasta ahora de un sistema que lo proyecte consistentemente hasta las últimas fases de los torneos con mayor exigencia. A menudo, las expectativas de la afición y los medios superan la realidad objetiva de la escuadra nacional.
El desempeño reciente muestra una selección en transición, con cambios de entrenadores frecuentes y una generación mixta de talentos emergentes y veteranos experimentados. Durante el Mundial de Qatar 2022, México no logró superar la fase de grupos por primera vez en décadas, lo que provocó una introspección tanto técnica como institucional dentro de la Federación Mexicana de Fútbol.
No obstante, el análisis del historial no se limita a los fracasos. México ha mostrado destellos de calidad contra rivales importantes, como el empate contra Alemania en 2018 y la victoria frente a Francia en los Juegos Olímpicos de Tokio 2021. Estas actuaciones puntualizan que el talento y el potencial existen, pero su aplicación a nivel colectivo en torneos senior sigue siendo irregular.
En suma, el historial de México en competiciones internacionales demuestra que, si bien es un equipo sólido a nivel regional, aún enfrenta barreras estructurales y estratégicas que le impiden alcanzar las últimas fases de las competiciones más prestigiosas. Identificar y trabajar sobre estas limitaciones será vital si se aspira genuinamente a llegar a una semifinal en el corto o mediano plazo.
Para evaluar si México puede llegar a semifinales de un torneo internacional de gran nivel, es clave analizar sus capacidades actuales en términos tácticos, físicos y técnicos. Con la inclusión reciente de nuevos talentos y la evolución del juego a nivel global, la adaptabilidad táctica se ha vuelto una condición esencial para competir al más alto nivel.
En términos tácticos, México ha mostrado en los últimos ciclos una marcada flexibilidad: ha experimentado con esquemas como el 4-3-3, el 3-5-2 e incluso un 4-2-3-1, dependiendo del rival y el contexto. Sin embargo, esta variedad no siempre se traduce en claridad de identidad o eficacia en ejecución. El cambio frecuente de directores técnicos ha sido un factor relevante; cada nuevo entrenador introduce su propia filosofía y sistema, lo cual afecta la consolidación táctica del equipo a largo plazo.
A nivel individual, México cuenta con una generación de jugadores que militan en ligas europeas de alto calibre, como Hirving Lozano (PSV/Serie A), Edson Álvarez (West Ham) y Santiago Giménez (Feyenoord), entre otros. Esta experiencia internacional aporta no solo calidad técnica sino también una visión más competitiva del juego. No obstante, la base local, compuesta por elementos de la Liga MX, sigue teniendo un rol predominante, y la diferencia de intensidad entre esa liga doméstica y las europeas puede ser un punto débil al enfrentar selecciones de mayor rango.
En cuanto a la preparación física, México suele estar dentro de los estándares internacionales, aunque no necesariamente entre los más destacados. La capacidad física se pone a prueba especialmente en los tramos finales de los partidos, y aquí es donde algunas deficiencias en resistencia, velocidad y recuperación han sido notorias bajo presión. En torneos recientes, el equipo ha mostrado dificultades para mantener el mismo ritmo en segundas mitades claves.
Otro factor táctico relevante es la toma de decisiones en momentos clave. En partidos eliminatorios o de alta tensión, México ha tendido a sufrir por errores puntuales, ya sea en defensa o por falta de definición. Este problema no se soluciona únicamente con talento; requiere madurez competitiva y enfoque mental, dos aspectos que aún están en construcción para la actual generación.
Por último, la cohesión grupal y el liderazgo en cancha han sido aspectos variables. La falta de un referente claro que lidere tanto dentro como fuera del campo complica la gestión emocional en partidos trascendentales. Mientras selecciones top cuentan con liderazgos consolidados en todas sus líneas, México a menudo confía en rendimientos puntuales de figuras aisladas.
En conclusión, México tiene los elementos técnicos e individuales para competir, pero la consolidación táctica, la preparación física específica y la estabilidad en el cuerpo técnico serán determinantes para aumentar sus probabilidades de alcanzar una semifinal. Sin un proyecto estructural consistente, el potencial seguirá siendo eso: potencial sin concretar.
De cara al futuro, México se enfrenta a un conjunto diverso de oportunidades y desafíos si pretende alcanzar una semifinal en un torneo relevante. La planificación a largo plazo y el fortalecimiento institucional son elementos clave para transformar una aspiración histórica en una realidad tangible.
Uno de los factores más influyentes en el corto plazo será la organización del Mundial de 2026, que México coorganizará junto a Estados Unidos y Canadá. Este evento no solo representa una oportunidad de oro para llegar a instancias finales con el beneficio de ser anfitrión parcial, sino que también impone una presión añadida. El papel de la afición, las condiciones logísticas y la familiaridad con el entorno podrían jugar a favor, pero deben ir acompañados de un trabajo serio y sostenido en los años previos.
En términos de desarrollo de talento, México ha iniciado una reestructuración en sus fuerzas básicas. Programas de identificación de talento en zonas menos exploradas, asociaciones con clubes europeos y torneos de formación han sido implementados para elevar el nivel competitivo desde edades tempranas. No obstante, estos esfuerzos deberán ser sostenidos y blindados de injerencias externas para que den frutos en el mediano y largo plazo.
La profesionalización de los cuerpos técnicos y la inversión en el análisis de datos y scouting también serán determinantes. Mientras federaciones como la de Inglaterra, Francia o Alemania implementan sistemas de datos avanzados para todo su ecosistema futbolístico, México aún está intentando modernizar sus modelos tradicionales de evaluación y selección. La implementación de tecnologías como inteligencia artificial en análisis de rendimiento puede ser un diferenciador importante si se gestiona con visión.
Asimismo, la relación entre clubes y selección debe fortalecerse. En muchos países exitosos, existe una comunicación armónica entre las exigencias del fútbol de clubes y los calendarios de selección nacional. En México, las tensiones históricas entre clubes poderosos de la Liga MX y la federación han entorpecido convocatorias y procesos de integración.
El futuro también dependerá del tipo de liderazgo federativo. La transparencia en decisiones gerenciales, la continuidad de proyectos deportivos y la capacidad para atraer entrenadores con experiencia internacional serán claves. Aunque México ha recurrido tanto a técnicos nacionales como foráneos, la visión a largo plazo es con frecuencia sacrificada por presiones mediáticas o comerciales.
Finalmente, el entorno competitivo en la Concacaf también está cambiando. Selecciones como Estados Unidos y Canadá han elevado su nivel significativamente gracias a la exportación masiva de talentos a Europa. México no puede confiar únicamente en su hegemonía regional; debe redefinir su proyecto para ser competitivo de forma global.
En conclusión, la posibilidad de que México llegue a semifinales en un futuro próximo depende de una sinergia cuidadosa entre factores tácticos, organizativos e institucionales. El talento está presente, pero su efecto sólo será pleno si se acompaña de planificación estratégica, continuidad técnica y evolución estructural. Con el Mundial 2026 en el horizonte, no podría haber mejor momento para concretar ese salto competitivo tan ansiado.
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